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Los mundos de Coraline de Henry Selik

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Basada en Coraline, el gran éxito mundial del escritor británico Neil Gaiman, novela publicada en el 2002, el filme Los mundos de Coraline nos lleva a vivir una aventura fascinante a través de un viaje a un lugar terrorífico y a la vez hermoso.

Es evidente que Henry Selik, director de la película, supo escoger título ya que si Gaiman es un autor de reconocido prestigio, su Coraline era la obra ideal para llevar a la gran pantalla ya que con ella obtuvo el Premio Hugo a la Mejor Novela Corta de 2003, el Premio Nebula a la Mejor Novela Corta de 2003 y el Premio Bram Stoker a la Mejor Obra para Jóvenes Lectores. Además otras obras de Gaiman ya han sido llevadas al cine puesto que es un autor de alto reconocimiento en el mundo de la literatura fantástica y de terror, así como de “comic books”.

En la obra de Gaiman, Coraline es una niña que pasa encerrada en su nueva casa los últimos días del verano a causa de la lluvia. Sus padres trabajan y no le prestan demasiada atención. La niña recorre la casa curioseando y encuentra a una puerta que la lleva a través de un túnel a una casa, reflejo de la suya, en la que viven unos padres que no son los suyos pero que se preocupan mucho más de ella que sus auténticos padres. Sin embargo lo que ocurre después se convertirá en una auténtica pesadilla.

El filme es bastante fiel a la novela. Los mundos de Coraline nos presenta a una niña que se muda junto a sus padres a una enorme mansión que parece estar en un lugar bastante alejado del mundo. Sin amigos, y con sus padres sin tiempo para ella, demasiado ocupados en su trabajo, Caroline se aburre. Así un día, la pequeña encontrará algo: una puerta que la lleva a otro mundo, en el que todo es, en apariencia, lo que ella desea. Allí sus padres son divertidos y cariñosos, sus extraños vecinos son gente increíble y su hogar- sobre todo el jardín- es un lugar maravilloso. No obstante enseguida descubre que ese mundo paralelo es una terrible trampa.

Lo primero que hace de Los mundos de Coraline toda una experiencia es, por supuesto, su espectacular apuesta visual. De una belleza increíble, técnicamente es perfecta. Especialmente el mundo paralelo que Coraline descubre es extraordinario, una sorpresa tras otra para el espectador. Y en ese mundo paralelo es donde el director ha sabido crear una extraordinaria fantasía partiendo de los tenebrosos escenarios y de unos personajes geniales como son, por ejemplo, los ratones grotescos y terroríficos como muchos de los otros personajes del filme.

Si a todo esto le unimos la alta definición y la animación en 3D no es de extrañar que la película se haya convertido en un ejemplo del género que muestra hasta dónde se puede llegar con los avances técnicos del cine. Y si ya Selik había trabajado con Tim Burton con el que comparte el gusto por lo excéntrico, con Los mundos de Coraline deja patente su deseo de seguir adelante haciendo uso de todo lo que la técnica le pueda ofrecer. Otro tanto se puede decir de la música: una maravilla a cargo de Bruno Coulais, que crea algo simplemente espectacular lleno de energía y de una magia que te asusta pero que, a la vez, atrae.

Se ha comentado un cierto parecido con la obra de Lewis, Alicia en el País de las Maravillas y sí es posible que haya un cierto paralelismo en la estructura; pero es muy propio de la literatura inglesa esta capacidad para adentrar al lector en un mundo fantástico de armarios que esconden mundos nuevos (Narnia) o agujeros por los que caer e ir a para a un mundo absurdo (Alicia). No obstante Los mundos de Coraline es una joya que hay que ver y leer.

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