Cine y Literatura Infantil y Juvenil
La trilogía de El Señor de los Anillos
Si J.R.R. Tolkien tuvo su despertar para muchos jóvenes allá por de década de los 70, es con la adaptación cinematográfica de El Señor de los Anillos hecha por Peter Jackson cuando la obra se convierte en hito para niños, jóvenes y adultos. Es el poder del cine.
Desde su publicación en1954, El Señor de los Anillos, obra de Tolkien, se convirtió en el libro mejor y más vendido del siglo pasado; en una obra de culto que cuenta con un más que numeroso grupo de seguidores.
Con estas premisas se hacía evidente la necesidad de hacer una película que fuese el mayor espectáculo visto hasta entonces en el cine y ése fue el reto que se puso el director Peter Jackson junto con el de rodar, a la vez, las tres partes de la saga.
Esta novela fantástica, en formato trilogía, narra las aventuras de Elfos, Magos, Hobbits, Enanos, Orcos y Humanos, los cuales interactúan en un mundo mítico acechado por Sauron, el señor oscuro de Mordor, el cual crea unos anillos que distribuye en los gobernantes de la tierra media para su control. La maldad que ello supone intenta ser contrarrestrada para lo cual se crea la comunidad del Anillo, con el único fin de destruir aquel anillo único en el Monte del Destino.
El libro de Tolkien es un compendio de los grandes relatos de la épica europea en los que Merlin, Arturo y su espada mágica, las hadas, los trasgos y otros seres que Tolkien conocía muy bien ya que era un gran conocedor de los idiomas antiguos y las leyendas celtas y sajonas.
Los tres libros, ya que la obra era tan extensa que se decidió desdoblarla en tres, que componen: La Comunidad del anillo; Las dos torres; El retorno del rey, son los que han conformado la trilogía también en el cine y que Peter Jackson ha sabido adaptar de manera fiel al texto para lo que ha contado con unos extraordinarios efectos especiales que le han permitido recrear la Tierra Media y las caracterizaciones de los personajes y las batallas.
Así tenemos que la aventura se nos presenta como la lucha entre el Bien y el Mal, tema, por otros lado, presente en muchas otras sagas (recordemos las Narnias de Lewis), pero, así como en el libro el proceso es más lento, en las películas todo transcurre a mayor rapidez sin dar casi tiempo al espectador a reflexionar sobre los planteamientos metafísicos o morales que la narración original lleva.
Ésta sería la gran diferencia entre la trilogía de Tolkien y la adaptación cinematográfica de Peter Jackson, sin dejar de reconocer la riqueza de matices de los actores protagonistas: un Gandalf magnífico (el actor Ian Mckellen) que sabe interpretar su papel de mago como iniciador arquetípico a la perfección. Lo mismo podemos decir de Frodo, (interpretado por Elijah Wood), sobrino de Bilbo Bolsón, un joven en un continuo aprendizaje; el humano Aragorn, el guerrero Boromir o el también mago Saruman, opuesto a Gandalf en sus decisiones y opinión. Y éstos sin olvidarnos de muchos otros.
Una de las cosas que puede llamar la atención de la trilogía es la poca presencia femenina, reducida a la reina Galadriel, que se encarga de poner a prueba al joven Frodo y la princesa Arwen enamorada de Aragorn hasta el punto de renunciar, por amor, a la inmortalidad; pero este tema de la poca presencia de los personajes femeninos, que ha sido objeto de algunas de las críticas a la trilogía y, por lo tanto, también al filme, ha de sopesarse teniendo en cuenta que lo que se está narrando está situado en un mundo de leyenda, mágico… en el que los valores de heroicidad, lealtad, etc. han sido asociados siempre a los hombres; por lo tanto si la película, como decidió el director, iba a respetar casi a rajatabla el texto, no podía hacer variaciones.
Sea como fuere, con detractores o con defensores, las tres películas son un alarde de medios, con una banda sonora extraordinaria, unos paisajes maravilloso y con magníficas interpretaciones, dejando aparte las escenas, múltiples escenas de las batallas, con un ritmo trepidante y con un tremendo realismo llegando a causar verdadera angustia en el espectador que no puede dejar de mirar la pantalla por la belleza de lo que allí se está dando, mientras que otras veces son las siniestras imágenes las que capturan la atención.
Ahora quedaría reflexionar sobre las palabras de Tolkien referidas a su Señor de los Anillos: “...un ensayo de estética lingüística sobre la Muerte y la Inmortalidad” ¿Llega el espectador a esta afirmación después de ver los filmes? Creemos que es más que difícil si antes no se ha leído la obra, ya que la espectacularidad, como decíamos más arriba, sobrepasa la capacidad de reflexión, al menos, inmediata.
