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Fahrenheit 451

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Una novela que no pierde actualidad y que el cine, de la mano de Truffaut, supo darle un aproximación al gran público que, en algunos casos, tal vez no haya leído la obra de Bradbury, pero que se puede acercar a ella por medio de su versión cinematográfica.

La novela de Ray Bradbury fue llevada al cine por un director de auténtico talento como es el francés Truffaut, y si Fahrenheit 451 no es una obra perfecta, consigue plenamente lo que pretende, concienciar a la sociedad del gran legado que tenemos en nuestras manos: La cultura. Esa cultura que se concreta en los libros, en la música, en el teatro, en el cine, en el lenguaje... Esa cultura que es la fuerza y la esperanza de la humanidad ante el futuro.

El título está tomado de la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde: 451 grados de la escala fahrenheit. Si que dirán, los excelsos críticos, que Truffaut se deja llevar, en algún momento por ciertos excesos técnicos, pero hay que reconocer que el montaje es bueno y llega al espectador. En general Truffaut da vida de forma digna a la novela de Ray Bradbury. Por lo que respecta a los actores Oskar Werner y Julie Christie, convencen en su trabajo, sobre todo Werner.

El argumento sigue la obra de Ray Bradbury en la que se describe una sociedad en la que el Estado, utiliza un cuerpo de bomberos especializados en provocar incendios en vez de apagarlos. Ellos, por orden de su gobierno, se dedican a quemar todos los ejemplares de libros que tiene la gente y que han sido previamente detectados.

En la novela, un millón de libros han sido prohibidos. Porque los políticos consideran que los libros generan deseos que no pueden ser satisfechos e impulsan a unas personas a destacarse por encima del resto, lo que les impide ser felices. Según los políticos de ese Estado, las novelas hablan de gente que nunca existió y los libros de filosofía se contradicen entre sí, sosteniendo argumentos opuestos que no conducen a ninguna verdad irrefutable.

El personaje que mueve la trama es Montag, un bombero que, desobedece las órdenes de sus superiores, conservando un libro de modo casual, por lo que empieza a leerlo. Descubre que el libro no tiene nada que ver con la maldad que le ha dicho su jefe, sino que es todo un mundo de posibilidades; así, el bombero, descubre el atractivo de la ficción, la poesía de las palabras, pasando a ser un revolucionario que se da cuenta de que los lectores no son seres asociales a la vez que descubre que hay toda una serie de personas que se resisten a las órdenes y desde la clandestinidad aprende, cada uno, un libro de memoria con el fin de que los libros no se pierdan y que la sociedad no se convierta en algo absurdo y dirigido. Es decir cada persona que se ha rebelado contra esa sociedad anodina, impuesta por el Estado, es un libro porque lo lleva en la memoria y esos libros se transmiten de unos a otros.

Todo este proceso narrativo no es otra cosa que una reflexión de la importancia de la cultura como elemento propio del hombre, inherente al hombre que se inició con el “contador de cuentos” de la tradición oral, antes que la escrita.

Libro que todo el mundo debería leer y una película que mueve conciencias.

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