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Experiencias

Lectura de poemas
Montserrat Grau

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La importancia de la lectura como medio para trabajar la oralidad no es algo que se trabaje demasiado en nuestras escuelas; al menos eso es lo que creo después de muchos años de experiencia como docente.

Sí que se le da mucha importancia a la lectura, pero suele ser la lectura de texto plano, puramente narrativa; pero no se enfoca como un medio para mejorar la expresión oral sino para medir otros parámetros como pueden ser la velocidad, el silabeo, el uso adecuado de lo signos de puntuación, etc. Y todo eso está muy bien, aunque no estoy de acuerdo en el tema de la velocidad lectora, ya que jamás me ha interesado la velocidad sino la comprensión y la buena pronunciación, la vocalización. Tal vez por eso, una de mis manías ha sido enseñar a vocalizar, a pronunciar correctamente las palabras; pero el reto era cómo hacerlo.

En mis observaciones en la hora de la lectura siempre veía caras aburridas porque si leen de uno en uno es difícil no perderse, eso se da por varias razones:

a).- Los niños y niñas que leen más rápido se aburren al tener que escuchar a cada compañero/a y esperar que les llegue el turno. Con ello pierden el hilo de la lectura o bien se leen todo el texto y después llevan la mente a donde les resulta más entretenido.

b).- Los niños que son lentos porque todavía no dominan perfectamente el proceso lector, se pierden porque el compañero va por un sitio y él o ella va por otro, por tanto, tienen que intentar hacer un esfuerzo por seguir. Cuando les llega el turno, como andan perdidos, no saben por dónde deben continuar, con lo que se les crea la angustia consiguiente que puede llevar al bloqueo emocional a la hora de la lectura.

c).- Los que siguen la lectura, esperan a que les llegue el turno y una vez leído o bien siguen leyendo porque les interesa, pero ya al ritmo que ellos tienen o bien, como ya han leído, se dedican a sus pensamientos o a incordiar.

d).- Siempre están, casos modélicos, aquellos que siguen perfectamente, que leen muy bien y que, no son, precisamente, los más numerosos.

Pero no son éstos los que me preocupan, sino todos  los demás. Estas reflexiones me llevaron a la lectura en grupo voz alta y, además a no hacer un uso preferente del texto plano, narrativo, sino de usar los poemas como base en paralelo.

Debo explicar también, ya que se me ha solicitado, que tengo todos los libros de lectura que he usado a lo largo de mis 40 años dedicada a la enseñanza Primaria y Secundaria,  ya que he pasado por todos los niveles; pero me centraré en los últimos 30 años que son los que me he dedicado a la Primaria y lo que ahora es el Primer Ciclo de la ESO (Secundaria Obligatoria).

Pues bien, en los libros de los años 70/80 los textos en prosa y los de poesía van casi al mismo tanto por ciento, para ir ganando espacio la prosa conforme vamos llegando a los 90. En la actualidad los libros de lectura tienen  muy pocos poemas en proporción a los textos de prosa y ya no hablemos de los teatrales.

Si analizamos también los libros de Literatura Infantil y Juvenil, que hoy ocupan un buen espacio en la aulas, ocurre otro tanto: ingentes cantidades de narrativa frente a poquísimas ediciones de libros de poemas.

Ante esta situación y, a lo mejor porque me gusta la poesía y hasta me atrevo a escribir alguna cosilla, decidí dar un paso adelante y dedicarle tiempo, en las clases, a la lectura de poemas.

Primer problema que me encontré. No sabían leer poemas. Acostumbrados a leer texto plano, leían línea a línea sin tener, para nada, en cuenta los signos de puntuación, con lo cual se perdía todo el sentido del poema, así como el ritmo, quedando sólo los ripios de las rimas. Les costaba mucho entender que aunque un verso acabara, si no había ningún signo de puntuación, había que seguir leyendo en la línea siguiente.

El plan de trabajo que me propuse fue el siguiente:

1.- Selección y lectura de poemas sencillos para pasar a poemas más complejos y teniendo en cuenta el nivel y la edad del grupo con el que trabajaba; pero siempre, aunque fueran mayores (11/14 años) empezar con poemas sencillos.

2.- Entrego la hoja con los poemas seleccionados, fotocopiados, a cada alumno.

3.- Lectura silenciosa de los poemas para que entren en contacto con ellos.

4.- Comento con el alumnado que, aunque estén en forma de poema, hay que leerlos no línea a línea sino siguiendo los signos de puntuación porque el poeta ya les da el ritmo al poner esos signos. También les hago ver que no es preciso que los versos “peguen” (palabra que emplean ellos para indicar que riman), explico que en la poesía actual se encontrarán que muchas veces no hay rima, pero que si lo leen bien ya la encontrarán de forma sonora y que lo podrán ver cuando yo les lea los poemas; pero que deben estar bien atentos para notar todas estas cosas. También les digo que grabaremos las lecturas porque así irán viendo los progresos que van haciendo dentro de una misma sesión.

5.- Les leo los poemas dos y hasta tres veces, haciéndoles ver cómo suena rítmico.

6.- A continuación les digo que ahora vamos todos juntos a leer en voz alta los poemas, pero que nadie debe ir por delante de mí, sino siguiendo el ritmo y la marcha que yo haga, y que tampoco se puede oir a nadie por encima de los demás. Les digo que esto es como una coral donde todos cantan sin que las voces sobresalgan. Y que, sobre todo, recuerden que hay que hacer las pausas donde haya el signo de puntuación correspondiente.

Hacemos entonces una primera lectura, que grabamos y escuchamos. Comentamos, yo les invito a comentar, qué les ha parecido, qué podemos mejorar y lo volvemos a intentar. Si es preciso les vuelvo a leer yo los poemas.

7.- Volvemos a leer y volvemos a escuchar la grabación y comentamos. Siempre esta segunda lectura es mejor que la inicial y, además, les encanta, tengan la edad que tengan, el poder escuchar lo que han leído. Entonces les sugiero “¿Qué tal si todavía lo mejoramos más, pero esta vez vosotros solos y yo os escucho?” y repetimos el proceso.

Esta tercera lectura suele tener algún pequeño fallo; pero ellos mismos piden volverlo a hacer para que la grabación salga bien.

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