Experiencias
La enseñanza de la literatura: Varias propuestas didácticas
por José Luis Correa Santana
En el presente trabajo, José Luís Correa, Profesor Titular de Didáctica de la Lengua y la Literatura en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria distingue dos tipos de recursos: (los audiovisuales y los escritos) dentro de los cuales propone una serie de actividades que el profesor puede –y debe – adaptar a sus condiciones de trabajo. Los criterios que han guiado la presente selección sirven de guía al profesorado y podrían concretarse en tres: la eficacia, la adecuación a los objetivos que se pretenden y a las características de los temas, y la coherencia de las distintas actividades para conseguir un aprendizaje significativo.
Introducción
Las estrategias y recursos didácticos ejercieron siempre el papel de cenicienta con respecto a otros aspectos esenciales en la enseñanza-aprendizaje de cualquier materia. En efecto, durante mucho tiempo el profesorado de Matemáticas, Física o Literatura se contentaba exclusivamente con disponer de un conocimiento teórico sólido de esas disciplinas y con seleccionar algunos manuales más o menos efectivos para enseñarlas. Se trataba de lo que podríamos llamar “enseñanza tradicional”, una instrucción basada en los contenidos y sustentada en la figura del profesor. Sin embargo, en los nuevos sistemas educativos, los contenidos son, aunque importantes, sólo una parte de la asignatura y el interés se ha ido desplazando paulatinamente hacia la figura del alumno, eje central del proceso de enseñanza-aprendizaje.
Con todo y este cambio de mentalidad, muchos docentes siguen basando su trabajo de aula en el libro de texto como primer –y, a veces, único– recurso. Esta tiranía del libro de texto obedece, tal vez, al escaso tiempo del que disponemos para enseñar una materia tan amplia, a la rigidez de los nuevos programas curriculares y a la comodidad de tener un guión prefijado que organice nuestra tarea. Sin embargo, aunque es obvio que no podemos desdeñar este recurso, no siempre cubre nuestras necesidades ni responde a las situaciones de aula con las que nos encontramos. Se hace, por tanto, necesario –amén de una selección coherente y crítica de los libros con los que vamos a trabajar – que el profesorado conozca y desarrolle otras posibilidades de enseñar su materia, que no se limite a aceptar los contenidos y los métodos, y que reconstruya su propia práctica a partir de su reflexión personal y amparado en su situación concreta.
Buscamos, pues, desarrollar una serie de tácticas apropiadas a las aulas de Secundaria –la experiencia nos dicta que también son viables en las de Primaria –, tácticas que el profesor ha de experimentar, evaluar y, si es preciso, corregir hasta llegar a un método adecuado. La adecuación, como es lógico, depende de múltiples factores: del profesor, del alumno, de la materia, del espacio físico, etc.
Y la concreción de los métodos se realiza a través de las actividades que, en todo instante, deben estar acordes con los distintos ritmos de aprendizaje del alumnado.
Es imprescindible, antes de continuar, hacer una precisión: suelen confundirse los medios (recursos) y las actividades; y, en puridad, no responden al mismo concepto. Para P. Hernández (1989: 132), las actividades son las acciones del profesor y los alumnos para alcanzar los objetivos propuestos y para tratar los contenidos de la materia; para tal fin se apoyan en los medios. Es fundamental la relación entre las actividades del profesor y las de los alumnos, de modo que aquéllas sirvan de refuerzo del aprendizaje de éstos. El MEC (1992: 86), en esta línea, señala que “el profesor y el grupo de alumnos pueden diseñar, de forma conjunta, actividades que permitan al estudiante comprender y emitir cualquier tipo de mensaje, razonar lógicamente, usar críticamente las fuentes de información, planificar y organizar su trabajo, expresar de forma correcta, apropiada y elegante, sus ideas, valorar los logros estéticos de la lengua, adquirir nuevos conocimientos por sí mismo [...] escuchar y respetar las ideas de los otros manteniendo su autonomía [...]”.
En el presente trabajo vamos a distinguir dos tipos de recursos (los audiovisuales y los escritos) dentro de los cuales propondremos una serie de actividades que, como se ha apuntado, el profesor puede –y debe – adaptar a sus condiciones de trabajo. Los criterios que han guiado la presente selección sirven de guía al profesorado y podrían concretarse en tres: la eficacia (la solución de problemas concretos, el procesamiento de la información, el respaldo a la capacidad crítica del alumno); la adecuación a los objetivos que se pretenden y a las características de los temas; y la coherencia de las distintas actividades de modo que cumplan con su objetivo fundamental, el aprendizaje significativo.
En último término, antes de pasar a la definición concreta de las actividades, hemos de declarar que, si bien consideramos de gran interés los recursos audiovisuales y tecnológicos, entendemos que las estrategias didácticas en el Área de Lengua y Literatura castellanas han de estar orientadas al perfeccionamiento y el desarrollo de la competencia comunicativa y literaria. Es por ello por lo que nos centraremos en los recursos, los materiales y las estrategias que hemos denominado escritos.
Recursos y actividades audiovisuales: El cine
Junto a las consideraciones anteriores, no está de más recordar las orientaciones metodológicas que propugna la Consejería de Educación el Gobierno de Canarias para el área de Lengua y Literatura (1991: 155-160). Allí se sugiere una metodología reflexiva, significativa, creativa y activa. A partir de los conocimientos que el alumno ya posee, deben programarse las tareas y las actividades. Conviene, además, incentivar el aprendizaje a partir del uso de elementos lúdicos –el humor y la fantasía desempeñan un papel esencial – , de temas de interés para el alumno, de modernos recursos audiovisuales, de técnicas de grupo, etc. Todo ello deriva en un requisito fundamental para que la metodología sea efectiva: el alumno es el auténtico protagonista del acto de aprender.
En este sentido, no cabe duda de que existe un recurso de inestimable ayuda a la hora de enseñar Literatura: el cine. No vamos a tratar aquí, por obvias, las relaciones existentes entre ambos lenguajes. Sólo existe una premisa que no debemos olvidar: se trata de dos lenguajes distintos y hay que concienciar al alumno que ver una película basada en una obra literaria no es lo mismo ni puede sustituir a la lectura del libro en la que se basa. Hablamos de un apoyo metodológico, no de una sustitución. Nos centraremos, pues, en las posibilidades que nos ofrece el llamado séptimo arte para acercar a nuestro estudiantado al fenómeno literario.
El primer paso es, precisamente, seleccionar la lectura de una obra que haya sido llevada al cine. Podrían servir de ejemplos La colmena (C. J. Cela), Los santos inocentes (M. Delibes), Bajarse al moro (J. L. Alonso de Santos), El coronel no tiene quien le escriba (G. García Márquez), Pantaleón y las visitadoras (M. Vargas Llosa), El maestro de esgrima (A. Pérez Reverte) o cualquiera de los filmes basados en las novelas de M. Vázquez Montalbán.
Una vez que los alumnos hayan leído la novela y se haya comentado en clase, se procederá a ver la película. El profesor puede elaborar un breve cuestionario para que los estudiantes lo completen en el que se recojan –además de las impresiones personales (¿te imaginabas así a los personajes?, ¿hubieras elegido a otro actor o a otra actriz para el papel principal?, ¿te ha decepcionado la película?, ¿por qué?, etc.)–, algunas cuestiones referentes a las diferencias estructurales entre las creaciones: ¿el argumento es el mismo?, ¿qué sobra o qué falta en la película con respecto de la novela?, ¿qué escena es fundamental en la película?, ¿y en el libro?, ¿los personajes están igualmente tratados en ambas obras?, ¿hay alguno de menos o de más en la película?, ¿era importante en el libro?, ¿cómo expresa la película la tensión o la intriga o la relación entre los personajes de la obra?, ¿y cómo lo logra el libro?, etc. Este ejercicio también puede realizarse en el orden inverso: primero se propone la visión de la película y luego los alumnos leen la obra. En cualquier caso, se trata de analizar los dos tipos de lenguaje y poner, luego, en común las impresiones del alumnado.
Sin embargo, no es ésta la única posibilidad de utilizar el cine como recurso para la enseñanza de la literatura. La relación entre ambas manifestaciones artísticas va más lejos. Podemos, por ejemplo, analizar la estructura de una novela en relación con la de una película. Para ello, son muy ilustrativas las películas de A. Hitchcock (La ventana indiscreta, Marnie, la ladrona, Encadenados, etc.) por su perfecta planificación escénica. O las de John Ford (La diligencia –adaptación de un cuento clásico de Maupassant –, El hombre tranquilo –y sus elementos poéticos –, Fort Apache –la epopeya –, etc.) por su narratividad.
También podemos dedicar una parte de estas actividades a analizar algún aspecto representativo concreto de la obra: el narrador (1ª o 3ª persona) puede contrastarse con los planos de cámara (plano subjetivo u objetivo, primer plano, plano largo, etc.); el tiempo literario (los capítulos) guardan relación con el fílmico (la elipsis); el espacio narrativo (la descripción) se relaciona con el cinematográfico (luz, sonido, ambientación, atrezzo, etc.).
Por otra parte, también podemos analizar en una película algunos referentes históricos y culturales más o menos recientes: la trilogía de El Padrino (de F. Ford Coppola, basado en las obras de M. Puzzo) es un ejemplo muy válido, sobre todo la tercera parte. Somos conscientes de que estamos ofreciendo películas de las que podríamos llamar clásicas. El objetivo es el de acercar a un alumno acostumbrado a las últimas tendencias –recursos técnicos avanzados, efectos especiales, etc.– a un cine más sencillo, acaso más poético, pero de indiscutible calidad. Intentamos quebrar el rechazo de nuestros alumnos al cine en blanco y negro.
Recursos y actividades escritos
En la Educación Secundaria, el tratamiento de la Literatura no transgrede los presupuestos básicos de los niveles anteriores. (…) Decimos esto porque es hora de que los profesores comencemos también a darle la importancia debida a la creación literaria por parte de nuestro alumnado: “Las producciones verbales, orales y escritas de los propios alumnos, del profesor y de autores consagrados (textos literarios) han de ser el principal instrumento de trabajo” (MEC, 1992: 19). Así, hemos defendido en varios trabajos la necesidad de implicar al adolescente en la Literatura, a fin de que no se sienta un simple espectador sino un actor del hecho literario. Esta tarea ha estado siempre clara en la enseñanza de otras asignaturas artísticas como la Expresión Plástica o la Expresión Musical, en las que los estudiantes participan activamente en el aula. Es por ello por lo que las actividades que se presentan a continuación –las hemos organizado en tres estadios diferentes (descripción, narración y creación poética) aunque, como veremos, se interrelacionan constantemente – suponen una invitación al alumnado a crear y recrear textos literarios.
Actividades de descripción
Conviene, antes de proponer un ejercicio de cualquier tipo, ofrecer a nuestros alumnos modelos literarios de calidad. En este caso, el profesor habrá de elegir fragmentos descriptivos de obras de lo que el MEC llama autores consagrados, que se leerán en clase y se comentarán. Recomendamos, que se explote a los autores que estemos estudiando en ese momento.
Una vez analizadas las características de la descripción, realizaremos algunos ejercicios sencillos. El primero podría titularse Cada oveja con su pareja: seleccionamos una treintena de postales o fotografías de revista, que recortaremos por la mitad; dividimos la clase en pequeños grupos de 3 ó 4 alumnos y les entregamos a cada grupo algunas de las mitades; la actividad consiste en que los grupos describan, por escrito, con detalle –han de servir aquí los modelos previstos – sus fragmentos de postal; cuando los lean en voz alta, si la descripción es adecuada, otro grupo reconocerá inmediatamente que posee la mitad de la postal. (…)
– Un ejercicio interesante se basa en la descripción no ya de objetos materiales sino de cualidades o realidades abstractas. Se les reparte a los grupos unas tarjetas con situaciones –puede servir una foto de la escena o sólo el título – que deben describir: “la lluvia en los cristales”, “el amanecer en una playa”, “la tristeza de una viuda”, “la soledad de un jubilado”, “la sonrisa de Penélope Cruz”, “la mirada de Robert de Niro”, etc. En estos casos, interviene la subjetividad del alumno. Por eso suele resultar más costoso.
Una vez finalizada la actividad, conviene una puesta en común sobre su dificultad frente a las anteriores. El alumnado tiende a reconocer que les cuesta mucho más describir sentimientos (alegría, tristeza, soledad, etc.) que simples rasgos físicos (ancho, negro, ruidoso, etc.). Es un buen momento para conectar con la poesía, y para ofrecerles algunos ejemplos literarios de preeminencia.
Actividades de narración
(…) Uno de los aspectos en los que más se ha significado la reforma de la enseñanza es en el de la interdisciplinariedad. Se pretende, con ello, que el proceso de enseñanza- aprendizaje sea un proceso integral e integrador en el que el individuo que aprende no sólo se informe sino que también se forme. La lengua posee una doble dimensión de la que carece el resto de disciplinas: es, en sí misma, materia científica de estudio pero, a la vez, supone la vía de acceso a las otras materias. Por tanto, las actividades que emanan de la enseñanza de la Lengua y la Literatura pueden complementarse, en muchas ocasiones, con las de otras diferentes áreas de conocimiento.
En este sentido, podemos apuntar una actividad de narración con imágenes en las que intervengan también las Ciencias Sociales. Si las láminas que presentamos a nuestro alumnado son obras de pintores famosos, aprovecharemos el ejercicio para acercar al joven a la Historia del Arte; si, además, esas pinturas muestran bien momentos históricos relevantes (La rendición de Breda, Los fusilamientos del 2 de mayo, El Guernica, etc.), bien personajes y hechos religiosos o mitológicos (Venus saliendo de las aguas, La Anunciación, La Adoración de los reyes, etc.), incluiremos en nuestro trabajo a la Historia Moderna o a la Historia Clásica. (…)
