Experiencias
"Recetar" libros a los niños
por Débora Chomski
Débora Chomsky presenta la primera parte de una experiencia muy interesante y que será motivo del curso que impartirá en julio en la Escuela de Expresión y Psicomotricidad Carme Aymerich de la Secretaría de Educación del Ayuntamiento de Barcelona.
En mi vida profesional como profesora de escuela y coordinadora de talleres de lectura y escritura he tenido experiencias conmovedoras en cuanto a las relaciones entre los niños y los libros. Una de ellas, la más reciente (desde el 2009), ha consistido en crear el “Consultorio de la Doctora Librè.lula”, espacio de juego y reflexión, instalado en la biblioteca de escuelas o de centros cívicos, para atender a niños “con problemas de lectura”, que me derivan algunos maestros conscientes y entusiastas con la idea o los propios padres preocupadísimos por la “inapetencia lectora”.
Mis funciones “curativas” son diversas y se sintetizan en tres fases:
- La prevención de los problemas de lectura,
- El tratamiento para la cura de problemas en la relación con los libros y la comprensión lectora y
- La estimulación de la lectura para disfrutarla con todos los sentidos.
En este artículo comentaré los dos primeros y dejo para un texto próximo el último punto.
En la primera fase, la de la prevención, los niños asisten a la consulta-biblioteca en grupos y allí desarrollamos actividades que consisten en conocer los libros y materiales que tenemos disponibles, experimentar con ellos para saberlos manipular y sacar provecho. Las formas de utilización pueden ser convencionales y “de las otras”. Las modos convencionales consisten en la lectura como estudio, o para matar el tiempo, o para aprender a escribir, o como actividad para complacer a padres y maestros. En cambio, las formas alternativas serían leer para jugar a un ping pong auditivo con las palabras, o leer para practicar alguna postura de yoga y desprendernos del “yo quiero” y otras campanadas de nuestra dimensión terrenal, o leer para no pelearnos con los amigos, o para preparar juntos una merienda o para “deglutir” con gusto lo que comemos (o leemos).
Un caso que no me puedo olvidar es el de Marc I. de siete años, cuya madre es profesora de gimnasia pero que no puede vivir con él porque está sin trabajo. El niño está triste y es apático en la escuela. En la sesión “preventiva” recorre la biblioteca y engancha con “Mi papá es de plastilina” de Baron Baptiste (RBA, Barcelona, 2007), un libro en el que los padres de un grupo explican a los niños posturas de yoga asociadas a sus profesiones. Por ejemplo, una madre jardinera propone la postura del árbol. Este libro lo hace sentir cerca de su mamá. Entonces Marc comienza a practicar las posturas del libro y los enseña a sus muñecos y compañeros cada vez que la recuerda.
Otro caso es el de Hanna G., una niña de siete años y medio que tiene mucha facilidad para hacer amigos pero le duran poquito porque se enfada cuando no le hacen caso. La niña descubre“Cosita Linda” de Anthony Browne, (FCE, Argentina, 2008), una entrañable historia que explica de la importancia de la amistad para los niños y cómo proceden los amigos cuando uno de los dos pierde el control. Hanna lo lee atentamente y lo comparte con sus compañeros. Como el libro contiene algunas frases del lenguaje de señas que el protagonista gorila utiliza para comunicar con sus cuidadores, Hanna crea algunas señas graciosas para transmitir su enfado, en vez de gritar o patalear.
En esta primera fase, son los niños los que eligen los textos, según sus propios gustos o intuiciones.
En la fase curativa, la dinámica de tratamiento es diferente. Si los asistentes son muy pequeños, los observo jugar con los libros, miro cómo los tocan y miran, en qué se detienen cuando los “leen”, qué me muestran de los textos y que hacen después de “leer” los libros. En el caso de niños mayores el “protocolo” de la consulta es distinto: luego de una profunda conversación con los niños, les diagnostico qué les está pasando con la lectura, cuáles son sus necesidades lectoras y sus gustos. En esta fase viene la “receta” magistral que consiste en recomendarles un libro en particular y su “prescripción médica”, es decir, cómo leerlo, con qué frecuencia y durante cuánto tiempo.
Un caso. Ezra Y es un niño de 10 años que no le apetece leer por su cuenta. Lo hace en la escuela, en la hora de lectura o cuando su madre lo obliga. Es un niño “inapetente”, según su abuela que lo cuida, no sólo de los libros sino también de la comida que ella le prepara. Según sus palabras: “el niño lee y come poquito, lo justo para sobrevivir”. Es que Ezra, más que lector, es un gran jugóptero (término que acuñamos en el taller para mencionar a los niños aficionados a los juegos) y todo lo que le cae en sus manos es objeto de exploración y divertimento. Para este caso le receto “600 puntos negros” de David Carter (Combel, Barcelona, 2007), un libro animado con acertijos visuales y varias propuestas de juego que tiene que descubrir en sus páginas. Este libro además le plantea desafíos para la mente: cuántos puntos negros están ocultos en un columpio de papel o en árboles enjaulados. La prescripción médica consiste en leer el libro dos veces al día: una, por la mañana antes de ir al cole a manera de juguete óptico estimulante y otra, por la noche, para resolver uno o dos de los desafíos que le propone y motivar la lectura y el razonamiento lógico. Pues a partir de allí, Ezra se da cuenta que en los libros hay otras cosas y se interesa por la lectura. Entonces pide más de estos libros especiales -que también lo terminan aburriendo- y de otros ¡que tengan más palabras!
(continuará)
Este texto forma parte del material del curso “En la diversidad está la clave. Aprender con los cinco sentidos” que dictará durante el mes de julio del 2010 en la Escuela de Expresión y Psicomotricidad Carme Aymerich de la Secretaría de Educación del Ayuntamiento de Barcelona.
* Débora Chomski es semióloga, escritora y formadora de formadores. Ha coordinado el proyecto Los niños y las Bibliotecas Públicas en la Secretaria de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.
** Agradezco el asesoramiento de Karina Chomski, docente y psicopedagoga, querida hermana y compañera de aventuras en múltiples iniciativas culturales y educativas.
©Débora Chomski 2010.
