Hablemos de...
De la imagen a la interpretación
por Silvia I. Demaria
Hoy, que el álbum ilustrado acapara una buena parte de la LIJ, es imprescindible que el niño aprenda a interpretar las imágenes. La autora como especialista en Artes Plásticas y profesora del Ciclo Superior, investiga la representación de imágenes en los niños.
Estoy convencida de que una educación de calidad no lo es tal si falta en ella una buena cuota de formación estética y si los jóvenes no son educados para ver críticamente; no el simple acto de ver, sino aprender a comparar, diferenciar, explicar verbalmente lo que se observa, a relacionar una imagen con otra, y, al fin, interpretar.
Una educación plástica y estética constante durante toda la educación básica posibilitará la apropiación por parte de los chicos de las herramientas intelectuales necesarias para desarrollar en sí mismos criterios de selección y elección.
Las imágenes se leen al igual que las palabras y las notas musicales, es decir que no basta con ver, hay que comprender lo que se está viendo situándonos unos peldaños más arriba de este acto primario de la percepción. La comprensión de una imagen plástica, publicitaria o cinematográfica se logra realizando un trabajo de descubrimiento capa tras capa, como si estuviésemos pelando una cebolla.
En un proyecto titulado “Préstamo de imágenes” que trabajo con mis alumnos, tratamos de desentrañar cómo las imágenes son utilizadas y re-utilizadas, cómo se entrecruzan a lo largo de la historia, de qué manera se resignifican y qué transposiciones se producen. El trabajo es arduo, porque en esos pequeños espacios escolares donde pareciera atrincherarse el aprendizaje del juicio estético, el alumno (y el docente) debe hacer el esfuerzo de interpretar diferentes expresiones artísticas y conectarlas entre sí. La satisfacción consiste en descubrir que, a veces, las que creíamos imágenes gratuitas y banales (¡porque las hay en cantidad!) ocultan interesantes puertas laterales.
Por otra parte, trabajar con imágenes fílmicas o de video conlleva un esfuerzo extra, que consiste en disponer de más tiempo que el habitual para ver por primera vez la secuencia seleccionada -que quizás dure 2 ó 3 minutos o quizás dure 20- y luego volver a examinarla. Posiblemente, el conocimiento previo que los jóvenes tengan sobre filmografía clásica sea menor que el de películas de actualidad, a menos que hayan sido especialmente estimulados en este arte en su hogar. Por otro lado, aquellos filmes no tienen proyección habitual en los canales de televisión, a diferencia de las películas de acción, aventuras y ciencia ficción. Otro aspecto, entonces, a tener en cuenta es que el docente que trabaja con medios sabe que, por lo general, deberá proveer la mayor parte del material de estudio.
