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El gusto por la lectura
Adriana Agrelo
Hacer que la lectura no sea una tortura para gran parte de nuestros chicos y jóvenes es una de las preocupaciones que mueven no sólo al profesorado sino también a las familias y todas aquellas personas que tenemos relación directa con el mundo del libro. Muchas son las propuestas que, desde todos los ámbitos se lanzan para superar el déficit lector. En el presente artículo, la escritora y bibliotecaria argentina, Adriana Agrelo, presenta algunas de las causas que originan dicho déficit.
El tema de la lectura en nuestro país ha sido desde siempre un tema controvertido. Son numerosas las encuestas que sobre el tema se han llevado a cabo y los resultados no suelen ser muy optimistas. Una de estas últimas encuestas realizada a una muestra de más de 2000 alumnos y alumnas de edades comprendidas entre los 8 y les 16 años arroja unos datos que pueden y deben ser objeto de estudio.
Según dicha encuesta, más del 55% del alumnado de Primaria muestra entusiasmo por la lectura; pero cuando se llega a la Secundaria este “gusto” cae hasta el 12%. Delante de este resultado cabe preguntarse cuáles son las causas que conducen a esta situación. Al parecer los intereses cambian y la oferta lúdica y de ocupación del tiempo de ocio es mucha más amplia y variada: cine, televisión, salir con los amigos y amigas y un largo etcétera ocupan mucho más tiempo del que se dispone en edades inferiores para poder dedicar a la lectura. Sin embargo su tiempo de ocio prefieren ocuparlo oyendo música, la gran favorita; viendo la televisión o manejando el ordenador, en este caso la preferencia la llevan por delante los chicos, mientras las chicas se decantan más por la televisión. No obstante la lectura queda por delante del deporte y de muchas otras actividades, lo cual abre una ventana a la esperanza y nos ha de inducir a buscar nuevas fórmulas para atraer a la juventud hacia la lectura.
Otro dato también digno de análisis es el que hace referencia a que las chicas leen mucho más que los chicos y que al llegar a la Secundaria, aunque también baja su interés, todavía superan a los chicos a la hora de leer. Las razones no están especificadas, pero es evidente que las chicas tienen en esa edad unos intereses algo diferentes, lo cual pudiera ser uno de los motivos.
Algo verdaderamente preocupante es el poco interés, según datos de la encuesta referida, que tiene la juventud a que se les regalen libros. Muchos dicen que “cualquier cosa antes que un libro”. Prefieren discos y sobre todo ropa.
Otra de las respuestas para hacernos reflexionar es que chicos y chicas dicen que en su casa los padres no leen, un 31%, y no se compran libros, mientras que en un 33% dicen comprarse pocos libros en su casa.
Si queremos tomar la temperatura de cómo anda la lectura por nuestras aulas, podemos hacer una brevísima encuesta en base a preguntas como las siguientes:
-¿Cuál es el libro de los que has leído que más te ha gustado?
-Cuántos libros vienes a leer cada año?
-¿En qué época lees más?
-¿Lees antes de irte a dormir?
¿Qué libro recomendarías a tus amigos?
-¿Qué opinas de que en los centros escolares se pongan unas lecturas obligatorias?
-¿Qué es lo que más te gusta hacer en tu tiempo de ocio?
Por otra parte, si nos ponemos de ejemplo y nuestros hijos y alumnos nos ven leer es probable que ellos también lean, por eso es tan importante la lectura en la familia desde los primeros años, momento ideal para crear el hábito de la lectura.
En muchas escuelas americanas, francesas y alemanas y ahora, también en España, se está trabajando un método para crear hábitos lectores. Es el llamado método de “lectura silenciosa” que consiste en dedicar cada día o, al menos, con cierta frecuencia un rato dedicado a la lectura en silencio, pero en la posición que más agrade y con la condición de que se puede leer lo que se quiera. También las personas adultas que dirigen este proyecto han de estar leyendo el mismo rato que los alumnos y alumnas. Al parecer los resultados son rápidos y sorprendentes. La opción curricular de “el hábito lector”, recupera lo que hace muchos años era habitual en cualquier centro educativo: dedicar, cada día, un rato a la lectura. Al parecer el resultado está siendo muy positivo.
Desde aquí os animamos a la lectura sin obligaciones de terminar aquel libro que no os ha gustado o no os interesa. Como bien dice Daniel Pennac en su libro “Como una novela”: “El verbo leer no admite el imperativo”.
