Hablemos de...
La ilustración. La imagen: De Cenicienta a favorita real
Jordi Pericot i Canaleta
Delante de un tema que se está imponiendo con fuerza dado el auge del álbum ilustrado, el catedrático y académico Jordi Pericot i Canaleta, nos habla de la moderna Cenicienta.
Históricamente, la información se limitaba al soporte que le ofrecían los códigos alfanuméricos. Letras y números constituían la modalidad informativa por excelencia. A la imagen sólo se le confiaban los trabajos domésticos, lúdicos o de entretenimiento. En el mejor de los casos, la imagen quedaba relegada al disfrute de la "irracionalidad artística".
La imagen era algo así como la cenicienta de la comunicación y, como tal, le estaba vedada la vida familiar. Sus hermanastras, las letras y las cifras, la despreciaban, aunque en el fondo, pero muy en el fondo, estaban celosas de sus encantos y su porte carismático.
Las cosas han cambiado, y con ellas, la imagen. Harta ya de su modesto rol doméstico, y no resignándose a seguir siendo la pariente pobre de la comunicación, la imagen ha ido ocupando nuevos espacios informativos hasta alcanzar un lugar preeminente en la actual sociedad de la información y del conocimiento.
La imagen, que se introdujo casi furtivamente en el lujoso palacio del razonamiento electrónico, pronto superó, y con creces, las limitaciones a que le sometían sus hermanastras informativas. Las virtudes analógicas de la imagen no admitían rival en los reales recintos de la electrónica.
A partir del momento en que el hada buena de la informática introdujo los procesos gráficos y las curvas de interpretación en las pantallas policromadas de sus ordenadores, la imagen, ostentando sus mejores galas, pasó a ser el centro de todas las miradas de palacio.
La bella imagen se convirtió en la expresión ideal del tratamiento interactivo de los datos electrónicos que conforman las premisas del razonamiento. Sus posibilidades de combinación y la sutileza de sus analogías, la hicieron superior a la palabra cuando se trataba de ilustrar un hecho o un sentimiento.
Es así como las imágenes nos muestran sus grandes dotes comunicativas: siempre dadas a "ligar" con otras de su especie y admitir, sin reservas, la sustitución o el intercambio. Promiscuas y agradecidas, las imágenes digitales nos ofrecen nuevas formas, nuevas imágenes y siempre novedosas significaciones. Con su comportamiento, las prolíferas imágenes aseguran generosamente la continuidad de la dinastía.
Otra de las virtudes de la imagen electrónica, más apreciada en los círculos burgueses del trabajo que en los ámbitos reales, es la considerable reducción de los costos de producción, del tiempo de verificación y comparación y, en consecuencia, una mayor dedicación a la experimentación. Si a esta apreciable economía de tiempo y facilidad de procreación, le añadimos su disponibilidad para someterse a tratamientos cosméticos de feed-back y de rejuvenecimiento, pronto comprenderemos por qué la imagen fue la escogida del príncipe de la informática.
De cenicienta, la imagen ha pasado a ser la princesa de la comunicación. Una princesa estimada y deseada por todos. Sus posibilidades virtuales y sus sorprendentes poderes de reencarnación, nos permiten admirarla y vivirla en todo momento para satisfacer nuestros más íntimos deseos. La princesa imagen ya puede coquetear y responder, no sólo al tradicional piropeo verbal, sino también a los galantes gestos, a los avances táctiles o a la indiscreta mirada de sus pretendientes, los ilustradores gráficos.
Es evidente que el uso de interfaces sensibles a las formas de expresión visual, hasta hace poco marginados del proceso informativo, comportarán unos cambios cualitativos que aumentarán considerablemente nuestras posibilidades comunicativas y provocarán, posiblemente, cambios sustanciales en las relaciones humanas. Unos cambios que ya nos permiten hablar de una auténtica revolución icónica y en la que la princesa "cenicienta" puede llegar a ser una star del nuevo razonamiento analógico.
Una revolución que exige la reconversión del lenguaje verbal en lenguaje interactivo de formas, colores, movimientos y sonidos. Con su razonamiento analógico y sus asociaciones icónicas, la imagen podrá librarse de lo que parecía su único destino: la reproducción de referentes reales e introducirse, por fin, en los nuevos espacios de la inventiva y la imaginación.
