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Técnicas literarias en la narrativa infantil contemporánea
por Mercedes Falconí Ramos
Es una de las principales propulsoras de la creación literaria para niños en Ecuador, su país donde fundó y dirige el Centro Ecuatoriano de Literatura Infantil. En este artículo expone su ya famoso decálogo del niño y la lectura.
¿Lectura hechizo o lectura técnica?
Cuando leo un libro, busco descubrir los fantasmas que le acosan a un escritor. Respirar el aire de ambiente de la obra. Dejarme llevar por los demonios de la creación. Ducharme, metafóricamente, no sólo en el pensamiento lógico, sino también en el pensamiento mágico. Una novela no dirige la mente del lector, no la enguiona: la incita.
Lectura sin academicismos: el premio Nobel de literatura Isaac B. Singer, autor de adultos, prefiere a los niños lectores por diez razones vitales.
1. Los niños leen libros; no reseñas. Les importan un comino los críticos.
2. Los niños no leen para encontrar su identidad.
3. No leen los niños para librarse del complejo de culpa, para reprimir su sed de rebelión o para librarse de la alienación.
4. No necesitan los niños la psicología.
5. Detestan a los psicólogos.
6. No tratan los niños de comprender a Kafka o a Joyce.
7. Los niños todavía creen en Dios, en la familia, los ángeles, el diablo, las brujas, los duendes, la lógica, la claridad, la puntuación y otras cosas pasadas de moda.
8. Les encantan las historias interesantes, sin comentarios, guías o notas al pie de la página.
9. Cuando un libro es aburrido, bostezan los niños abiertamente, sin vergüenza y sin temor a la autoridad.
10. No esperan que su querido autor redima a la humanidad. Jóvenes como son, saben que eso no está en su poder. Sólo los adultos tienen esas ilusiones infantiles.
A los niños, en resumen, no les interesan las técnicas. Ni las carpinterías. Ni los análisis literarios... No entender esto es levantar muros académicos en la ciudadela de la creación. Es ponerle puertas al campo. Es separar con el frío alambre erudito y pedagógico, los territorios de lo mágico. Acciones que finalmente terminan aislando al niño del libro y la lectura.
Para Coleridge, poeta inglés precursor del romanticismo, existen cuatro clases de lectores:
Los esponjas, que absorben todo cuanto leen y lo devuelven más o menos en el mismo estado, aunque un poco sucio.
Los vasos de arena, que no retienen nada y se conforman con atravesar un libro por el gusto de atravesar el tiempo.
Las bolsas de género (especie de cedazos), que simplemente retienen la escoria de lo que leen.
Los diamantes, igualmente raros y valiosos, que sacan provecho de lo que leen y permiten que con ello también se beneficien otros 2.
La mayoría de nosotros pertenecemos –quizá– a la tercera categoría, aunque a veces también nos zambullimos en una de las primeras. Los lectores diamantes hay que buscarlos y formarlos en las minas de la niñez. Pregunto: ¿con la lectura técnica o con la lectura hechizo?
El lector diamante necesita ciertas pistas y herramientas que le permitan pasar de la literatura como entretenimiento a la literatura como placer verdadero. Es decir, pasar de la distracción pasiva a la participación activa. Placer que también buscarán los jóvenes lectores en su momento.
