Libro del mes
El anillo de Irina
Care Santos
Título: El anillo de Irina.
Autor: Care Santos.
Editorial: Luis Vives (Edelvives).
ISBN: 978-84-263-5949-0
Año y lugar de edición: 2005, Zaragoza.
Edad: a partir de 14 años.
Un interesante libro en el que Care Santos une dos historias, una de ellas la de la Literatura Rusa de los dos últimos siglos.
"El anillo de Irina", novela de la escritora Care Santos, ganadora del V Premio Alandar de narrativa juvenil, que convoca y concede el grupo Editorial Luis Vives, es una obra a la que no nos importa calificar de formadora; pero no en el sentido de moralizadora o con moralinas, sino de formadora en un sentido intelectual ya que nos presenta una historia que, a su vez, incluye otra historia: la de la literatura rusa de los siglos XIX y XX a partir del conocimiento y la recreación de algunos de sus autores así como de sus obras más representativas. Como dice la autora: "es una historia de historias" Pocas veces nuestros jóvenes se habrán tropezado con un libro de literatura más ameno. Pocas veces el argumento de una obra se refuerza con el descubrimiento de escritores y obras universales que son incitadores a su lectura. Y todo ello envuelto en una historia de amor complicada.
El argumento parte con un protagonista, Alejandro, que narrando los hechos en primera persona, nos deja entrever, sólo mínimamente, lo que va a suceder a lo largo del relato, porque si bien en las primeras páginas del libro ya nos cuenta de forma resumida el que acontece, es necesario leer toda la narración para llegar al final de la trama.
Alejandro, enfermo de tuberculosis, se marcha con su padre, Víctor, un conquistador de mujeres, además de músico, violinista, a un pueblo de Soria donde Víctor ha alquilado una casa. En realidad Víctor aprovecha la enfermedad del hijo para separarse un tiempo de su mujer, con gran pena por parte de Alejandro que no acaba de entender cómo su madre perdona siempre las conquistas y las ausencias de Víctor.
Padre e hijo pasan los meses del verano en la casa alquilada, al lado de otra vivienda en la que reside Irina con su abuela. Irina es una muchacha de veinte años de ascendencia rusa de la que pronto se enamoran los dos y que marcará la vida de Alejandro ya que es ella quien le introduce en la literatura y le anima a lo que para él era su mayor ilusión y su vocación: ser escritor.
Irina le da a conocer la literatura rusa de los siglos XIX y XX, así como a algunos de los autores más representativos: León Tólstoi, Fedor Dostoyevski, Antón Chéjov, Ana Ajmátova, Boris Pasternak, Alexander Pushkin o Vladimir Nbokok, entre otros, y le anima a escribir.
Pero es el amor que Alejandro siente por Irina el motor que inspira al joven que habiendo encontrado el anillo que ella llevaba y que dejó olvidado en una ventana, se lo queda y cual reliquia se lo cuelga al cuello; será sólo después de muchos años, cuando ya es un hombre maduro que ha triunfado y visita a Irina en San Petesburgo, cuando se lo devuelva. El final de la narración, bastante sorprendente y, como nos tiene acostumbrados la autora, sin recurrir a soluciones facilonas, resuelve la trama de manera inteligente y con pocas concesiones sentimentaloides al lector o lectora.
A lo largo de la obra las vivencias de los personajes se van mezclando con los autores rusos y van surgiendo similitudes entre algunas de las grandes obras de la literatura rusa y algunos hechos de la vida de los protagonistas de la novela.
Pero no es sólo la literatura rusa la que se nos va destapando a lo largo de la narración, es mucho más ya que Víctor, padre de Alejandro y músico destacado, también es excusa para presentarnos algunas obras y músicos rusos: Rajmáninov o Shostakovich, por ejemplo. Por otro lado la muerte de la abuela de Irina, Liudmila Vasílielvna le sirve a la autora para darnos unas excelentes y exactas pinceladas de lo que era y cómo vivía la alta sociedad rusa anterior a la revolución que acabó con el régimen zarista, así como las costumbres sociales y la gastronomía del pueblo ruso, con lo cual el libro nos lleva a un mayor conocimiento de esta cultura.
Como se ha comentado en algunos medios: "Es una novela de pasiones: la del primer amor, o la del amor equivocado, el "amor a destiempo" —como afirma uno de sus personajes— pero también la pasión por los libros, por la letra impresa, por las buenas historias...", y como dice la misma autora «esta novela es un acto de egoísmo. Es la novela que a mí me hubiera gustado leer a los quince años, si alguien me la hubiera escrito".
En nuestra opinión es una novela que sugiere cuestiones que se relacionan con alguna de las problemáticas con la que se encuentran los adolescentes de hoy en día: sus propios conflictos individuales, la soledad en muchos momentos, la relación con los padres – en este caso la relación de Alejandro con su padre-; la sexualidad, muy discretamente tratada o las experiencias cotidianas que se convierten en vitales, son constantes a lo largo de la narración e incluso la indecisión propia de los jóvenes va apareciendo de forma sistemática, hasta que el amor, callado en la mayor parte de las veces, estalla sin darnos la satisfacción de “y fueron felices…”; pero tampoco infelices. Es la consecución de la madurez adulta la que, en realidad, nos plantea Care Santos en esta obra. Nos viene a demostrar la autora que, en la vida se tienen carencias y malos momentos, pero también hay momentos y fases de ilusiones y experiencias enriquecedoras que nos van conformando el camino que vamos viviendo, y esta suma de hechos que nos da la vida, es la que nos va llevando a hacernos personas.
Tampoco falta en la novela una de las constantes en la obra de Care Santos: el tema de los padres que, generalmente a aparecen como seres distantes a las inquietudes de los hijos o que la infidelidad es lo que les prima. Éste es el caso del padre de Alejandro, ausente siempre a causa de su trabajo como músico de renombre y a la vez conquistador nato, mientras que la madre se resigna y, en cambio, apoya la vocación literaria del hijo.
Y he aquí uno de los objetivo que se plantea "El anillo de Irina", la vocación literaria, puesta en el personaje de Alejandro, y el amor a la lectura, puesto en el personaje de Irina. Cabría preguntarse si Irina no es el espejo de Care, persona que sabemos apasionada por la lectura y por la literatura rusa desde su adolescencia.
El otro gran objetivo de esta novela es, sin duda alguna, presentar el tema del amor, en este caso un amor complicado puesto que padre e hijo se enamoran de la misma persona y es que el amor es uno de los grandes temas que están presentes en la literatura de todos los tiempos, como lo están también la muerte o el destino.
En resumen un libro en el que el lenguaje que se usa es ágil y sin dificultad lo que la hace muy comprensible para cualquier lector o lectora y que no requiere unos grandes conocimientos ya que los que se dan, que son muchos, los va aportando la propia autora, intercalando y ligando a la perfección, el hecho narrativo temporal con las referencias a los autores y músicos rusos y las obras que se citan.
